El día común de un astronauta en la Estación Espacial Internacional
- 8 may
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Actualizado: 12 may

Con el esperado regreso de la misión Artemis II, no solo vuelven astronautas… también regresan cuerpos que han vivido una realidad casi de ciencia ficción. En microgravedad, el cuerpo humano se transforma: los huesos pierden densidad como si envejecieran aceleradamente, los músculos se debilitan por falta de uso, y hasta la sangre se redistribuye, dándole a los astronautas ese característico “rostro hinchado” de espacio. Pero no todo es deterioro: también hay adaptaciones sorprendentes, como una mayor estatura temporal o la capacidad de flotar con una elegancia torpe pero fascinante. Vivir sin peso no solo cambia cómo te mueves… cambia por completo cómo tu cuerpo entiende el mundo
¡Buenos días, terrícolas!
El día comienza en la EEI con un saludo al planeta Tierra... desde una ventana con vistas espectaculares que cambian cada 90 minutos (el tiempo que tarda la estación en orbitar la Tierra). Pero, aunque las vistas son insuperables, despertar en microgravedad tiene sus retos. Dormir en el espacio es como intentar echarse una siesta en una montaña rusa, sin las vueltas, pero con la sensación constante de flotar. Para evitar que los astronautas se conviertan en pelotas humanas rebotando por la nave, duermen en sacos de dormir que se amarran a la pared.

Comer en el espacio: ¿Un banquete o un picnic flotante?
¿Recuerdas esos comerciales de comida espacial en polvo que se veían tan futuristas en los años 60? Pues olvídalos. La comida en la EEI es mucho más variada de lo que podrías pensar, aunque sigue siendo un desafío. Imagina comer tu desayuno cuando cada bocado quiere volar hacia el techo. Los astronautas deben ser expertos en atrapar comida al vuelo (literalmente) y, aunque puedan disfrutar de tortillas, pollo o frutas, todo viene en envases especiales para evitar que se convierta en confeti espacial.
Ah, y si pensabas en una copa de vino para relajarte después de un largo día de experimentos, ¡olvídalo! El alcohol está prohibido en la estación. Así que, lo más cerca que estarán de un brindis es con jugo de frutas en una bolsa.
Hora del baño: El misterio de la gravedad cero
Uno de los temas más fascinantes (y cómicos) de la vida en la EEI es el uso del baño. En la Tierra, damos por sentado que todo cae hacia abajo, pero en el espacio... ¡nada cae! Para resolver este problemita, los astronautas usan un inodoro con un sistema de succión que asegura que todo (sí, todo) vaya donde debe ir. Orinar requiere de una especie de embudo conectado a un tubo que, gracias a un ventilador, succiona el líquido hacia un tanque de almacenamiento.
La orina y las excretas son almacenadas en bolsas, cuando llegan a su límite de almacenamiento son liberadas a la atmósfera y la gravedad acelera su caída a la tierra. En su ingreso a la atmósfera se calientan tanto que se incineran, dejando una estela de color semejante a la producida por una estrella fugaz que vemos desde tierra. Algunas personas les piden un deseo a esas bolsas con desechos pensando que son estrellas fugaces. El dato curiosos es que éstas bolsas son desintegradas, como tus deseos.

¿Y la ducha? No hay. Los astronautas usan toallitas húmedas para mantenerse limpios. Así que, básicamente, es como acampar, pero con vistas a la galaxia.
La fisiología espacial: Cuando tu cuerpo decide tomar vacaciones
Vivir en micro gravedad afecta el cuerpo humano de formas extrañas. Sin la fuerza de gravedad que tira de nuestros músculos y huesos, estos comienzan a perder masa. Los músculos se debilitan y los huesos se vuelven más frágiles, como si tu cuerpo pensara que se ha unido a un retiro de yoga permanente.
Al poco tiempo de estar en el espacio, los astronautas incrementas su estatura entre 5 y 7cm debido a la disminución de los efectos de la gravedad. Los discos intervertebrales disminuyen su compresión y aumentan su tamaño, aumentando la estatura de los viajeros del espacio.
Además, la distribución de los líquidos corporales cambia. En la Tierra, la gravedad hace que la sangre y otros líquidos se acumulen en nuestras piernas, pero en el espacio, todo se desplaza hacia la cabeza. Esto es lo que hace que los astronautas parezcan tener caras hinchadas y narices congestionadas.
Para combatir estos efectos, los astronautas hacen ejercicio dos horas al día usando cintas de correr, bicicletas estáticas y máquinas de resistencia que simulan el levantamiento de pesas. Así que, si alguna vez te quejas de ir al gimnasio, piensa que los astronautas lo hacen en una cápsula flotante... sin gravedad... y sin excusas.

Los efectos en el cuerpo humano debido a la micro gravedad son varios, estos pueden ser la descalcificación de huesos, problemas del corazón, alteraciones para la producción de orina, hormonales, inmunológicos, digestivos y muchos más. Los cambios son tan complejos y variados que existe una especialidad médica dedicada a ellos.
Los complicados retos de vivir en el espacio deben ser vigilados continuamente por personal médico en Houston.
Un día más en el espacio
Al final del día, cuando el sol se pone y sale seis veces mientras la estación orbita la Tierra, los astronautas se preparan para otra noche de sueño en la pared. Flotando entre las estrellas, lejos de la Tierra, enfrentan los desafíos de la microgravedad con ingenio, disciplina y, seguramente, una buena dosis de humor. Porque si puedes reírte de cómo atrapar una gota de café flotante o de hacer ejercicio en una caminadora atado como si estuvieras en un circo, entonces estás listo para cualquier cosa... incluso para vivir en el espacio.
Así que, la próxima vez que te quejes de una mala noche de sueño o de un l




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